Ettix Social

Gastronomía, migración y verdad, mi ingrediente hacia la comunicación social

Hay premios que pesan más que otros, no por el metal, ni por el escenario, ni por su brillo, pesan porque te devuelven a ti misma, porque te recuerdan que la comunicación —cuando deja de ser artificio y vuelve a ser humana— puede transformar vidas. Después de una pandemia que nos cambió, después de años navegando micromachismos, techos de cristal y edadismo, recoger un premio de comunicación social puede significar mucho más que todos los galardones logrados en una gran multinacional, porque el de Comunicación social Montserrat Roig del Ajuntament de Barcelona que recogí con Silvano no celebraba una campaña: celebraba un propósito y ello nos motivó a emprender Ettix.

La gastronomía une, la inclusión sostiene, la comunicación social amplifica

Barcelona es una ciudad vibrante, creativa, diversa… pero también profundamente gentrificada. Una ciudad donde la desigualdad se ensancha y donde miles de personas migrantes sostienen sectores esenciales mientras siguen atrapadas en la precariedad.

La restauración en Barcelona vive una paradoja: falta personal cualificado, pero miles de personas migrantes con talento no logran acceder a empleos dignos por trabas administrativas, prejuicios o falta de homologación de títulos, ¿sabías que si las mujeres migrantes abandonaran hoy el mercado laboral, España perdería 1,4 millones de trabajadoras y quedarían 273.025 puestos sin cubrir, muchos de ellos en restauración?.

¿Qué gana Barcelona con una restauración realmente inclusiva?: más personal cualificado para un sector que lo necesita urgentemente, reducción de la economía sumergida, más cotizaciones a la Seguridad Social, más estabilidad y más derechos. También mayor cohesión social en una ciudad fragmentada por la desigualdad, una gastronomía que refleja la diversidad real de quienes la hacen posible, y sí, la gastronomia une cuando la disfrutamos pero ¿te has parado a pensar quienes son las personas que hay detrás de ella?, ¿en las oportunidades reales que se pueden lograr?, ¿que la necesidad de inclusión trata de humanidad y no sólo de activismo?.

Creo que la comunicación social importa más que nunca en una Barcelona desigual que necesita voces que humanicen, palabras que abracen, no campañas que adornen.

Después de años en la comunicación corporativa —donde las palabras se construyen desde la marca hacia fuera, donde persuadir, diferenciar y vender son verbos obligatorios— sé que el verdadero prestigio no está en el brillo, sino en la responsabilidad.

La comunicación social tiene un poder que la publicidad nunca tendrá: el poder de nombrar lo que otros silencian, y en ese gesto, tan simple y tan radical, encuentro la forma más honesta de comunicar.

Ahí reside la gran diferencia entre la comunicación corporativa a la que estaba habituada y la comunicación social: hablar claro, con datos, con hechos y de personas a personas y lo veo cada día en el proyecto que lidero  junto con Silvano y Mireia: una iniciativa centrada en la integración sociolaboral de personas migrantes, acompañándolas en su formación y acceso a un empleo digno. Un proyecto que no solo transforma vidas, sino que transforma sectores enteros. ¿Revolucionario?, si la comunicación se pone al servicio de la dignidad, la inclusión y la verdad, deja de ser un mensaje y se convierte en un motor de cambio, entonces sí.

Mireia Regàs – Cofundadora y Directora de Marca y Comunicación